INTERVENCION PSICOLÓGICA Y SALUD: CARACTERISTICAS Y OBJETIVOS

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INTERVENCION PSICOLÓGICA Y SALUD: CARACTERISTICAS Y OBJETIVOS por Mind Map: INTERVENCION PSICOLÓGICA Y SALUD:   CARACTERISTICAS Y OBJETIVOS

1. Las nuevas áreas de aplicación de la intervención psicológica se centran en los objetivos siguientes:

1.1. El aumento de la salud y el bienestar de las personas.

1.1.1. En los casos de trastornos crónicos, la consecución del mejor funcionamiento y el máximo bienestar posibles, tanto de los enfermos como de las personas allegadas

1.1.2. La prevención y modificación o alivio de enfermedades vinculadas a aspectos psicosociales que puedan ser controlados.

2. Los factores que han podido contribuir al ensanchamiento del campo de acción de la Psicología Clínica y más en concreto de la Modificación de Conducta

2.1. La preocupación social, cada vez mayor, por su prevención antes de desarrollarse la enfermedad en sus fases más tempranas y el creciente interés por el aumento de la calidad de vida de las personas.

2.1.1. El campo de actuación de la Psicología Clínica y la Modificación de Conducta se ha ensanchado considerablemente en las tres últimas décadas, abarcando tanto las enfermedades cuya aparición, desarrollo, intensidad, mantenimiento, alivio, eliminación o reaparición parecen depender de variables psicosociales, como las alteraciones de la salud de carácter crónico, cuyas impactantes consecuencias psicológicas y sociales deben ser consideradas dentro de la estrategia global del tratamiento, extendiéndose, además, hasta la prevención de la enfermedad y el aumento de la salud, el bienestar y la calidad de vida de las personas sanas, mediante el control de las variables psicosociales que resultan relevantes en este ámbito.

3. Intervención comportamental en alteraciones biopsicosociales

3.1. La aplicación de estos tratamientos se ha centrado en un gran número de trastornos. Entre ellos, las alteraciones cardiovasculares, destacando, principalmente, la hipertensión arterial. En este contexto, la intervención se ha centrado en el control directo de la presión arterial, la disminución del nivel de activación simpática, el control de las experiencias estresantes a través de diferentes estrategias, la adquisición de hábitos alimentarios y de ejercicio físico saludables.

3.1.1. Otra área de intervención ha sido la relacionada con el dolor; en concreto el crónico, el dolor de cabeza y la dismenorrea funcional, la intervención puede incluir la utilización de biofeedback o de técnicas de relajación. Igualmente, se han utilizado estrategias cognitivo-comportamentales para controlar el impacto del dolor, tal es el caso de la inoculación de estrés adaptada al tratamiento de este problema; el entrenamiento en habilidades para afrontar las situaciones estresantes que pueden provocar dolor; y técnicas operantes para eliminar reforzadores que puedan contribuir al mantenimiento del dolor.

4. Intervención comportamental para el control del estrés.

4.1. La existencia de situaciones de carácter estresante, no es suficiente para que se presente la respuesta de estrés, siendo necesaria una interacción perjudicial entre situaciones estresantes y variables personales relevantes.

4.1.1. Así la presencia de determinados patrones de conducta y/o estilos de afrontamiento poco saludables, como el patrón de conducta tipo A, o la tendencia a negar, evitar o escapar de la situación estresante, o la ausencia de patrones de conducta y estilos de afrontamiento más saludables, como el patrón denominado dureza o fuerza mental, parecen aumentar la probabilidad de que las situaciones potencialmente estresantes provoquen un efecto perjudicial.

5. Intervención comportamental para controlar conductas habituales.

5.1. Determinadas conductas habituales, por exceso o defecto, se encuentran relacionadas con la salud, bien fortaleciendo, bien aumentando el riesgo de enfermedades. Las principales causas de muerte podrían disminuir controlando hábitos como la dieta alimentaria, el consumo de tabaco, el ejercicio físico, etc.

5.1.1. En el proceso de modificar hábitos relacionados con la salud existen momentos especialmente críticos que la intervención debe prevenir y controlar con sumo cuidado. También se deben prevenir las posibles recaídas, anticipando las situaciones de riesgo que las hacen más probables y preparando al paciente para afrontar tales situaciones eficazmente. En esta línea, en el caso de los hábitos a eliminar, se deben prevenir los síntomas de abstinencia, entrenando a los pacientes para que controlen este problema sin recurrir a la conducta eliminada.

6. OBJETIVOS GENERALES DE LAS NUEVAS AREAS DE APLICACIÓN DE LA INTERVENCION PSICOLÓGICA.

6.1. Prevención primaria: incluye la aplicación de estrategias comportamentales para fortalecer la salud y prevenir la aparición de enfermedades que todavía no están presentes.

6.1.1. Considerando estos cuatro grandes objetivos, la intervención comportamental suele dirigirse hacia alguna (o algunas) de las tres grandes áreas señaladas por Buceta:

6.1.1.1. El control del estrés, que incluye la modificación de situaciones potencialmente estresantes y de respuestas de afrontamiento habituales

6.1.1.2. El aprendizaje o eliminación de comportamientos habituales que favorecen o perjudican la salud.

6.1.1.3. La modificación de respuestas concretas y/o condiciones ambientales relevantes específicas de cada trastorno.

6.2. Prevención secundaria: contempla el empleo de estrategias para eliminar o controlar situaciones de alto riesgo y manifestaciones leves antes de que el problema se agrave (eje: aplicación de un tratamiento para dejar de fumar antes de que se desarrolle un cáncer).

6.3. Tratamiento de enfermedades: uso de programas de intervención para la modificación de alteraciones ya consolidadas (eje: paquete de técnicas comportamentales para superar el dolor crónico)

6.4. Prevención terciaria: abarca la aplicación de estrategias con dos objetivos: reducir la probabilidad de recaídas y aliviar los efectos perjudiciales que se derivan de los trastornos crónicos.

7. APLICACIÓN DE LA INTERVENCION PSICOLOGICA

7.1. A pesar del creciente interés por los aspectos psicológicos en el ámbito de las enfermedades biopsicosociales, todavía son muy pocos los psicólogos que trabajan regularmente en este campo. En muchos casos, centran sus esfuerzos en investigaciones relacionadas con tesis doctorales o proyectos concretos, pero son pocos los que investigan con continuidad, y mucho menos los que tienen un puesto laboral en hospitales y centros de salud para atender las necesidades de estos enfermos, o se dedican específicamente a estas poblaciones en la práctica privada.

7.1.1. La distinción entre el trabajo psicológico y el trabajo psicológico de otros profesionales de la salud es un elemento esencial para que los pacientes que sufren alteraciones biopsicosociales puedan beneficiarse de todas las posibilidades que ofrece la intervención psicológica. Esta distinción debe reflejar en los cursos de formación que imparten los psicólogos a otros profesionales; en líneas generales, estos cursos deberían detener en cuenta :

7.1.1.1. Señalar la importancia de diferenciar la intervención del psicólogo de la intervención psicológica de otros profesionales de la salud, aportando argumentos que justifiquen esta distinción.

7.1.1.2. Acentuar la trascendencia de ambos tipos de intervención psicológica, así como la importancia de que ambos interactúen debidamente cuando proceda.

7.1.1.3. Explicar en qué consiste la intervención psicológica del psicólogo dentro de cada contexto concreto.

7.1.1.4. Centrarse, fundamentalmente, en los conceptos y estrategias psicológicos que pueden incorporar otros profesionales de la salud a su cometido cotidiano.

8. La intervención psicológica de los profesionales de la salud no psicólogos.

8.1. En líneas generales, se puede influir en el funcionamiento psicológico de los pacientes, para propiciar un comportamiento saludable, a través de tres líneas de actuación:

8.1.1. Controlando estímulos antecedentes y consecuentes, tanto externos como internos.

8.1.2. Propiciando una apropiada disposición psicológica de los pacientes; teniendo en cuenta que la disposición presente puede ser más flexible o más rígida y, por tanto, más o menos abierta a la influencia externa.

8.1.3. Entrenando a los pacientes para que dominen habilidades que les permitan autocontrolar su propio comportamiento.

9. La intervención psicológica del psicólogo

9.1. Las habilidades psicológicas de los pacientes incluyen procedimientos como la autoevaluación de experiencias internas, los autorregistros, el establecimiento de objetivos, técnicas de relajación, autoinstrucciones, detención del pensamiento, técnicas para solución de problemas y cualquier estrategia específica de afrontamiento que pueda resultarles útil. El entrenamiento para el dominio de habilidades eficaces favorecerá el buen funcionamiento psicológico de los pacientes, contribuyendo, entre otros, a los objetivos de controlar el estrés y desarrollar hábitos saludables.

9.1.1. Finalmente, los psicólogos que trabajen en este ámbito deben acostumbrarse a trabajar con otros profesionales de la salud, aceptando, en muchos casos, la mayor jerarquía de éstos en el organigrama del equipo interdisciplinar.