Ella y el paraguas

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Ella y el paraguas por Mind Map: Ella y el paraguas

1. Ese día nunca llovió. Por eso el paraguas no sirvió para nada. Ambos decidieron pasear cerca del río que atravesaba la ciudad y en las riveras asfaltadas, pequeños balcones de ladrillo, miraron al sol con el paraguas cerrado.

1.1. Con la mirada perdida y la manos cruzadas, se olvidaron del sol; cuando sintieron que la sombra tocaba la piel de sus cuerpos, agradecieron traer el paraguas. Y luego, como una predicción del clima, lloraron solos, cada uno en su pieza.

1.2. La vista dejó de perderse y ella vio, aunque le costó ver, porque estaba oscuro, algo que flotaba en el río, traído por la corriente.

2. En cada mujer parecida a vos se agolpa como un grito ensordecedor, una pausa filosa y cristalina, que acaba de reventar incomprensiblemente.

2.1. Como una botella, vacía de cualquier cosa. Te acordás cuando nos desvelábamos de bar en bar por cualquier calle y suplíamos la falta de cerveza con abrazos en cualquier vaso sucio, y más tomábamos para siempre abrazarnos ante la falta?

2.2. Como tu madre, cuando se pinchaba con el hijo de la vecina, con Marito y le tiraba piedras a las flores, desde su patio al de Inés, para romperle los malvones, para que le hechara la culpa a Marito.

3. Cuando se largó la lluvia, abriste el paraguas. Me preguntaste porqué estaba manchado con café y me hiciste un chiste con relación a mi falta de puntualidad.

3.1. Yo temblé cuando sacaste el tema de la mancha. Pero no preguntaste nada más. No me preguntaste de qué era la mancha, solo quisiste acertar, y eso me tranquilizó. Porque una mancha de sangre, en ese paraguas que tenías en la mano y que estaba en mi casa, me comprometía demasiado.

3.2. Después de todas las cosas que te oculté, tengo que decirte, aclararte todas esas cosas que encontraste en mi vida y que siempre pensaste: eran manchas de café, andas estresado por el trabajo, no hay cuchillos en tu oficina y no podes dormir porque te duele la cabeza, tomate un ibuprofeno.

3.2.1. En mi vida, nunca hubo café, ni estress, ni oficina ni descanso. Me limitaba a cumplir órdenes. Tenía que ir, meter el filo donde tenía que estar y correr. Correr de aquél que dejaba, pero sobre todo de mí. Competir conmigo a ver si podía correr más rápido que el cuerpo, ver si en una frenada abrupta no se me escapaba el espíritu y me sacaba de todo esto.