1. Tomar en consideración el campo semiótico tal como se presenta actualmente, en toda su variedad y desorden. A continuación hemos de proponer un modelo de investigación en apariencia simplificados Y, por último, hemos de contradecir continuamente este modelo, individualizando en el campo semiótico todos los fenómenos y los métodos que no se adecuan al mismo y que nos obligan a reestructurarlo, ampliarlo, corregirlo. De esta manera quizás conseguiremos perfilar (aunque sea provisionalmente) el ámbito de la investigación semiótica en el futuro y sugerir un método unificado para hacer frente a fenómenos en apariencia muy distintos y hasta ahora irreductibles.
1.1. En este sentido, actualmente corresponden al campo semiótico las siguientes investigaciones, que reseñamos partiendo de los sistemas de comunicación aparentemente más «naturales» y «espontáneos», menos «culturales», hasta llegar a los procesos culturales más complejos, reconocidos como tales.
1.1.1. ZOOSEMIÓTICA.
1.1.1.1. Los sistemas de comunicación entre los animales se estudian como un aspecto de la etología. Por ejemplo, los nuevos descubrimientos sobre la comunicación entre las abejas, que parecen poner en duda todas las nociones admitidas sobre el significado proverbial de la “danza”. El estudio zoosemiótico puede contribuir a individualizar algunos universales de la comunicación, pero también podría obligar a revisar el concepto de la inteligencia animal y a individualizar procesos de convencionalización elemental [cfr. Sebeok, 1967, 1968].
1.1.2. SEÑALES OLFATIVAS.
1.1.2.1. Bastaría con el código de los perfumes (fresco, sensual, viril, etc.) para establecer la existencia de posibilidades comunicativas. La tradición poética (véase Baudelaire) nos ha dado algunas indicaciones. Si los perfumes artificiales tienen sobre todo el valor connotativo que se ha dicho, los olores tienen claramente un valor denotativo. En tal caso, podrían catalogarse como “índices” (olor a quemado), aunque en los estudios de Hall [1966], en muchas civilizaciones se atribuyen a los olores personales un valor de significación social que rebasa la mera comunicación indicativa.
1.1.3. COMUNICACIÓN TÁCTIL.
1.1.3.1. Es fundamental en la primera experiencia del mundo externo en el niño y según algunos autores predetermina la comprensión sucesiva de los mensajes verbales. En este sector se incluyen los estudios sobre la modificación de la piel, por medio de prácticas higiénicas, perfumes y ungüentos. La experiencia táctil influye igualmente en la elección de vestuario. Cuando la comunicación táctil se convencionaliza, aparecen ciertos tabúes que ya figuran en los códigos prosémicos [Hall, 1959, 1966]. Forman parte de los mensajes táctiles codificados, el beso, el abrazo, la bofetada, en cuanto no son estímulos sino estilizaciones [Frank, 1957].
1.1.4. CÓDIGOS DEL GUSTO.
1.1.4.1. Además de las diferencias de gusto implícitas en cada civilización, con la posibilidad de sistemas de oposiciones que regulen el aparejamiento de distintos sabores, pueden individualizarse algunas convenciones sobre la composición de las comidas y sobre las reglas para servirlas. Lo mismo puede decirse de las bebidas. Existe además el ámbito de los sistemas connotativos y sinestésicos (el “sabor fuerte”; o las transposiciones metafóricas de las denominaciones de sabores a otros dominios, como “dulce amor”). Sobre los sistemas semánticos establecidos por el gusto, naturalmente hay que acudir a las investigaciones de Lévi-Strauss [1964].
1.1.5. PARALINGÜÍSTICA.
1.1.5.1. El estudio de los rasgos suprasegmentales (los tonos de la voz) y de las variantes facultativas que corroboran la comunicación lingüística y se presentan como sistematizables y susceptibles de convencionalización, o que, siendo reconocidos como naturales y motivados, son sistematizables de alguna manera. Estos fenómenos han sido objeto de estudio minucioso, gracias a los nuevos métodos de registro, que permiten analizar incluso las variaciones menos perceptibles por observación directa. En general, se asocia a la paralingüística la cinésica, considerada como el estudio de los gestos y de los movimientos corporales que tienen un valor significativo convencional. Pero cada vez se tiende más a separar estos dos sectores. [Cfr. Fonagy 1964; Stankiewicz, 1964; Mahl y Schulze, 1964.]
1.1.6. LENGUAJES TAMBORILEADOS Y SILBADOS.
1.1.6.1. La sospecha de que los “tonos” tienen valor convencional crece cuando se pasa al examen, realizado por los antropólogos, de los distintos sistemas de señalización por medio de silbidos, pitos, flautas y tambores. Weston La Barre [1964] relaciona una serie de sistemas ségnicos, como el lenguaje silbado y la conversación con xilófono de los chin birmanos; el tamborileo en las raíces de los árboles de los Kwona; el lenguaje con la boca cerrada del Chekiang; el yodel alpino; las comunicaciones referenciales en código silbado de los Ashanti (el sujeto llega a comunicar el lugar donde se debe buscar un objeto); el lenguaje silbado de los habitantes de Canarias que modulan, no los tonemas, sino verdaderos fonemas del español hablado; el lenguaje de tambores del África Occidental, que reproduce rasgos tonémicos del lenguaje hablado en dos tonos básicos del tambor, realizando además comunicaciones muy convencionalizadas, en tanto que los Ewe del Togo han llegado a convencionalizar frases enteras (aunque se trata de sistemas de transcripción similares a nuestros códigos telegráficos); y también las señales con el cuerno de cuatro tonos que transmite, no el equivalente melódico de las formas suprasegmentales, sino unidades diferenciales abstractas y auténticas
1.1.7. CINÉSICA Y PROSÉMICA.
1.1.7.1. Según Birdswhistell [1964], “cuando la gente emite sonidos y escucha, se mueve y mira, toca y siente, emite y recibe olores, etc., todas estas cosas se combinan de diversos modos para participar en el sistema comunicativo, y no es extraño enunciar que estas modalidades pueden ser estructuradas analógicamente: si se aprenden de una manera sistemática, pueden ser modelizadas de la misma manera, o al menos se puede intentar... Si examinamos un corpus de datos, por ejemplo los films con el alcalde La Guardia hablando yidish, italiano o inglés americano, sus modelos de movimiento cambian de una manera tan sistemática que se podría eliminar el sonoro y adivinar en qué lengua está hablando”. Birdwhistell [1952, 1960, 1963, 1965, 1966] ha elaborado un sistema de notaciones de los movimientos corporales que llega a grados de precisión extremos y ha señalado también una nomenclatura de los rasgos pertinentes y de las configuraciones sintagmáticas gestuales, a la que nos referiremos al tratar del código cinematográfico.
1.1.8. SEMIÓTICA MÉDICA.
1.1.8.1. SEMIÓTICA MÉDICA. Este sector se escinde en dos zonas distintas: por un lado tenemos el sistema de índices naturales por medio del cual se individualiza el síntoma (y puesto que para la comunidad médica determinados síntomas se expresan por medio de determinados indicios, a nivel del grupo médico existe un sistema de convenciones); por otro, el sistema de expresiones lingüísticas por medio de las cuales los pacientes de medios y civilizaciones distintas suelen denunciar verbal o cinésicamente un síntoma [Lacan, 1966; Piro, 1967; Maccagnani, 1967; Barison, 1961; Szas, 1961].
1.1.9. Los CÓDIGOS MUSICALES.
1.1.9.1. . El problema de la música suele plantearse cuando se trata de comprobar la posibilidad de codificar los tonemas. Ostwald [1964] nos recuerda que la notación musical actual nació de las antiguas notaciones de gestos y de la notación neumática, que registraban fenómenos cinésicos y paralingüísticos a la ver. De todas maneras, en el ámbito musical se pueden individualizar: A. Semióticas formalizadas. Son las distintas escalas y gramáticas musicales, los modos clásicos, los sistemas de atracción. Su estudio corresponde a la sintagmática musical, la armonía, el contrapunto, etc. Actualmente se pueden añadir los nuevos sistemas de notación empleados en la música contemporánea, en parte idiolectales, en parte fundados en notaciones icónicas en apariencia, pero que se apoyan en referencias culturales que las convencionalizan. Para la notación cfr. Langleben, 1965
1.1.10. LENGUAJES FORMALIZADOS.
1.1.10.1. Parten del estudio de las estructuras matemáticas [Vailati, 1909; Barbut, 1966; Prieto, 1966; Gross Lentin, 1967; Berlin, 1967] para llegar a las distintas lenguas artificiales, como sucede en la química y en la lógica, y en las semióticas en el sentido de Greimas [1970], como formalizaciones de los contenidos de las ciencias naturales. En este apartado se incluyen todos los lenguajes inventados (por ejemplo, el Linces, como lenguaje interespacial) [Freudentahl, 1960], los alfabetos como el Morse o el álgebra de Boole para los calculadores electrónicos. Aquí se inserta el problema de una metasemiología [Malí, 1968; Kristeva, 1968] y de un lenguaje universal, en el sentido de Raimundo Lulio y de Leibniz [cfr. Rossi, I960].
1.1.11. LENGUAS ESCRITAS, ALFABETOS IGNORADOS, CÓDIGOS SECRETOS.
1.1.11.1. El estudio de las lenguas escritas se escinde del de las lenguas naturales entendidas como lenguas verbales, y más bien se relaciona con el problema de descifrar alfabetos ignorados y mensajes secretos basados en códigos criptográficos. Pero también se refiere a los valores connotativos de la denotación alfabética escrita o impresa, como ha demostrado Matshall McLuhan [1962], y al problema más general de la escritura [Dérida, 1967 B].
1.1.12. LENGUAS NATURALES.
1.1.12.1. Pertenecen al ámbito de la lingüística propiamente dicha y de la etnolingüística, y sobre él no consideramos necesario extendernos ahora. Quizá convenga indicar que la dirección de la investigación semiológica se concreta hacia los léxicos y los subcódigos. De los modelos estereotipados del lenguaje a todo el sistema retórico, al que se dedicarán algunos capítulos de este libro, hasta llegar a las convenciones lingüísticas particulares: subcódigos especializados (políticos, técnicos, jurídicos; todo un sector muy importante en el estudio de la comunicación de masas) y subcódigos de grupo: fórmulas de los vendedores ambulantes, lenguas secretas y jergas, lenguaje coloquial. Y finalmente, la utilización retórica del lenguaje cotidiano para construir mensajes a diversos niveles semánticos, como ocurre con las adivinanzas, los enigmas, o los crucigramas [cfr. Greimas, 1970; Krzyzanowski, I960].
1.1.13. COMUNICACIONES VISUALES.
1.1.13.1. Aquí será suficiente enunciar los temas que se explicarán más adelante e indicar las investigaciones en curso en otros sectores [cfr. Communications, n. 15]. A. Señalécticas altamente convencionalizadas. Banderines navales, señales de tráfico, grados militares, alfabetos universales (posibles) basados en símbolos visuales de acepción común [Prieto, 1966]. B. Sistemas cromáticos. Desde los intentos poéticos para asociar algunas sinestesias precisas a los colores, hasta los sistemas semánticos ligados a los fenómenos cromáticos en las comunidades primitivas, y hasta el valor connotativo de los colores en las sociedades occidentales (negro-luto, blanco-luto, blanco-boda, rojo-revolución, negro-señorío, etcétera).
1.1.14. ESTRUCTURAS DE LA NARRATIVA.
1.1.14.1. Otro sector del análisis semántico es el de las estructuras narrativas o las grandes cadenas sintagmáticas. Desde los primeros intentos —ya clásicos y beneméritos— de Propp [1928] a las integraciones que ha hecho Lévi-Strauss [1958 A y C], con las escuelas de Barthes [1966, 1970] y de Greimas [1966] se ha pasado a un auténtico estudio organizado de la semiótica de la trama [Brémond, 1964, 1966; Metz. 1968; Todorov, 1966, 1967, 1968, 1970; Genette, 1966 A; V. Morin, 1966; Gritti, 1966, 1968; Eco, 1964, 1970] y de los mecanismos narrativos en general [Sceglov, 1962; Zolkovsi, 1962, 1967; Karpinskaia-Revzin, 1966].
1.1.15. CÓDIGOS CULTURALES.
1.1.15.1. Estamos en el terreno de los sistemas de comportamiento y de valores que tradicionalmente no se consideran bajo el aspecto comunicativo. Hagamos una relación:
1.1.15.2. A. Etiqueta. No solamente como sistema gestual, sino también como sistema de convenciones, tabús, jerarquías, etc. [Civ’ían, 1962, 1965].
1.1.15.3. B. Sistemas de modelización del mundo. Los semióticos soviéticos incluyen bajo este nombre mitos, leyendas, teologías primitivas y tradicionales, que dan un cuadro unitario que permite comunicar la visión global del mundo de una comunidad [Ivanov y Toporov, 1962, 1965].
1.1.15.4. C. Tipología de las culturas. La semiótica soviética [Lotman, 1964, 1967 A] insiste mucho sobre este capítulo. La semiótica puede colaborar en el estudio de una cultura, tanto en sentido diacrónico como sincrónico, integrándola en una semiótica autónoma. La función de la investigación semiótica no consiste tanto en reconocer que en el Medievo existía un código de la mentalidad caballeresca como en resolver este “código” (todavía definido como tal por metáfora), en un sistema riguroso.
1.1.16. CÓDIGOS Y MENSAJES ESTÉTICOS. Cfr.
1.1.16.1. en A.3 el tipo de aclaración que el punto de vista semiótico puede aportar a los problemas de estética, y cómo puede vivificar aquella disciplina específica que es la “poética”. Aquí podemos establecer una distinción entre una semiótica que se ocupa de la estética (más que nada, para obtener afirmaciones y pruebas de nuestros axiomas, a través del análisis de las obras de arte) y una estética semiótica, es decir, una estética que quiere ser un estudio del arte como proceso comunicativo.
1.1.17. COMUNICACIONES DE MASA.
1.1.17.1. La problemática de las comunicaciones de masa, nacida en el seno de la sociología, particularmente en los Estados Unidos, y en el ámbito socio-filosófico de la Escuela de Frankfurt (Adorno, Horkheimer, Benjamin, etc.), ha originado en un momento dado la exigencia de un fundamento semiótico de sus problemas y de sus principios. Pero si hasta hoy los estudios sobre la comunicación de masas han recurrido con una gran ductilidad a los métodos más dispares, es preciso caracterizarlos por la unidad de su objeto.
1.1.18. RETÓRICA.
1.1.18.1. En el estudio de la comunicación de masas (y por lo tanto de las comunicaciones con finalidad persuasiva) actualmente convergen las investigaciones sobre la retórica. Una relectura semiótica de los tratados tradicionales resulta repleta de sugerencias. De Aristóteles a Quintiliano, pasando por los teóricos renacentistas y medievales hasta Perelman, la retórica resulta ser el segundo capítulo de una semiótica general (después de la lingüística) estudiado desde hace siglos y destinado a facilitar los instrumentos de otra disciplina que actualmente la encuadra. Por ello, la bibliografía sobre los aspectos semióticos de la retórica se identifica con toda la bibliografía sobre la retórica (cfr. Lausberg, para una primera orientación).
1.2. Conclución
1.2.1. Hay discusiones acerca del nombre de esta disciplina. ¿Semiótica o semiología? “Semiología” si se tiene presente la definición de Saussure [cfr. por ejemplo Barthes, 1964 A], “semiótica” si se piensa en la lección de Peirce y en la semiótica de Morris [cfr. Maldonado, 1959 y 1961, y Rossi-Landi, 1967]. Y se añade que se podría hablar de semiología si se pensara en una disciplina general que estudiara los signos y que contemplara los signos lingüísticos sólo como un reducto particular; pero Barthes ha invertido la definición de Saussure considerando la semiología como una translingüística que examina todos los sistemas de signos como réductibles a las leyes del lenguaje. Por ello se cree que los que tienden a un estudio de los sistemas de signos que no dependa necesariamente de la lingüística (como nos hemos propuesto en este libro) han de hablar de semiótica [Rossi-Landi, 1966). Por otra parte, el hecho de que Barthes haya dado una acepción particular a la proposición de Saussure no nos ha de impedir volver a ella, redescubriendo su sentido original y utilizando de nuevo su terminología. Sea como fuere, en este libro hemos decidido adoptar definitivamente la palabra “semiótica”, sin prestar atención a las implicaciones filosóficas o metodológicas de ambos términos. Simplemente, nos conformamos con la decisión adoptada en enero de 1969 en París por un comité internacional que ha dado origen a la “International Association for Semiotic Studies” y que ha aceptado el término “semiótica” (aunque sin excluir el uso de “semiología”), que de ahora en adelante habrá de cubrir todas las posibles acepciones de los dos términos en discusión.