1. EL YO EN DESARROLLO
1.1. Desarrollo en el autoconcepto: Sistemas representacionales
1.1.1. En las primeras etapas del desarrollo, los niños pequeños tienen dificultades con los conceptos abstractos y con la integración de las varias dimensiones del yo. Sus autoconceptos se concentran en atributos físicos, posesiones y descripciones globales. Sin embargo, alrededor de los 7 u 8 años, los niños alcanzan la tercera etapa del desarrollo del autoconcepto. En esta época, los juicios acerca del yo se vuelven más conscientes, realistas, equilibrados y generales a medida que los niños forman sistemas representacionales: autoconceptos amplios e inclusivos que integran varios aspectos del yo.
1.2. Laboriosidad vs inferioridad
1.2.1. Un determinante importante de la autoestima es la opinión que tienen los niños de su capacidad para el trabajo productivo, que desarrollan en su cuarta etapa del desarrollo psicosocial: laboriosidad versus inferioridad. Como en todas las etapas de Erikson, existe una oportunidad de crecimiento que está representada por un sensación de laboriosidad y un riesgo complementario representado por un sentimiento de inferioridad.
1.3. Crecimiento emocional y conducta prosocial
1.3.1. A los siete u ocho años es común que tengan conciencia de los sentimientos de vergüenza y de orgullo, así como una idea más clara de la diferencia entre culpa y vergüenza. Esas emociones influyen en la opinión que tienen de sí mismos. En la niñez media los niños tienen conciencia de las reglas de su cultura relacionadas con la expresión emocional aceptable. Los niños aprenden qué les hace enojarse, sentir temor o tristeza y la manera en que otras personas reaccionan ante la manifestación de esas emociones, y aprenden a comportarse en consecuencia. Cuando los padres responden con desaprobación o castigo, emociones como la irritación y el temor pueden hacerse más intensas y dañar el ajuste social de los niños. Los niños tienden a volverse más empáticos y a inclinarse más hacia la conducta prosocial en la niñez media. La empatía parece estar “cableada” en el cerebro de los niños normales. Al igual que en los adultos, la empatía ha sido asociada con la activación prefrontal de niños de incluso 6 años.
2. EL NIÑO EN LA FAMILIA
2.1. Atmósfera familiar
2.1.1. El ambiente familiar es la principal influencia sobre el desarrollo de los niños. Un factor que contribuye a configurar la atmósfera familiar es la presencia de conflictos. La exposición a situaciones violentas y conflictivas es perjudicial para los niños, ya sea a través de una exposición directa, como discusiones entre padres, o a través de una exposición indirecta, como la falta de cohesión familiar y las estrategias de regulación de la ira. Los niños expuestos a conflictos entre los padres tienden a mostrar altos niveles de conductas de internalización y de externalización. Las conductas de internalización incluyen la ansiedad, el temor y la depresión, es decir, la ira canalizada hacia el interior. Las conductas de externalización incluyen agresividad, peleas, desobediencia y hostilidad, es decir, la ira canalizada hacia el exterior.
2.2. Estructura familiar
2.2.1. La inestabilidad familiar puede ser más perjudicial para los niños que el tipo particular de familia en la que viven. En un estudio de una muestra nacional representativa de niños de cinco a 14 años, los que habían sufrido varias transiciones familiares (por ejemplo, mudanzas o divorcios) eran más propensos a presentar problemas de conducta y a involucrarse en comportamientos delictivos que los niños de familias estables. La relación positiva y frecuente de un padre con su hijo se relaciona directamente con el bienestar y el desarrollo físico, cognoscitivo y social del niño.
2.3. Relaciones entre hermanos
2.3.1. En dichas comunidades, los hermanos mayores tienen un importante papel definido por la cultura. Los hermanos menores absorben valores intangibles, como el respeto a los mayores y a colocar el bienestar del grupo por encima del bienestar personal. El número de hermanos, su espaciamiento, orden de nacimiento y género suelen determinar los roles y las relaciones. Las relaciones entre hermanos puede ser un laboratorio para la solución de conflictos. Los hermanos están motivados a reconciliarse después de las peleas porque saben que tendrán que verse todos los días. Aprenden que la expresión de enojo no termina una relación. Los niños son más propensos a reñir con los hermanos del mismo sexo; dos hermanos varones pelean más que cualquier otra combinación. La influencia entre hermanos no solo es directa, por medio de sus interacciones mutuas, sino también indirecta, a través de su efecto en la relación de cada uno con los padres. La experiencia de los padres con un hermano mayor influye en sus expectativas y el trato que dan a uno menor.
3. EL NIÑO EN EL GRUPO DE PARES
3.1. Efectos positivos y negativos de relaciones con los pares
3.1.1. Los niños se benefician cuando hacen cosas con sus pares. Desarrollan las habilidades necesarias para practicar la sociabilidad y la intimidad, lo que les permite obtener un sentido de pertenencia. Tienen motivación de logro y adquieren un sentido de identidad. Aprenden roles y reglas, así como habilidades de liderazgo, comunicación y cooperación. El grupo de pares ayuda a los niños a aprender a desempeñarse en sociedad, esto es, cómo ajustar sus necesidades y deseos a los de otros, cuándo ceder y cuándo mantenerse firme. El grupo de pares ofrece seguridad emocional. Para el niño es tranquilizante saber que no son los únicos que albergan pensamientos que podrían ofender a un adulto. Por el lado negativo, el grupo de pares puede reforzar el prejuicio: actitudes desfavorables hacia los extraños, en especial, hacia miembros de ciertos grupos raciales o étnicos. Los niños suelen inclinarse hacia los que son como ellos, pero a excepción de la preferencia por los niños del mismo sexo, esos sesgos disminuyen con la edad y el desarrollo cognoscitivo.
3.2. Popularidad
3.2.1. Los niños socio métricamente populares poseen buenas habilidades cognoscitivas, grandes logros, son buenos para resolver problemas sociales, ayudan a otros niños y son asertivos sin ser problemáticos ni agresivos. Son amables, dignos de confianza, cooperativos, leales, hacen revelaciones personales y brindan apoyo emocional. Sus mejores habilidades sociales hacen que otros disfruten de su compañía. Los niños pueden ser impopulares en dos sentidos. Algunos niños son rechazados y reciben una gran cantidad de nominaciones negativas. Otros son ignorados y reciben pocas nominaciones de cualquier de los dos tipos. Algunos niños impopulares son agresivos; otros son hiperactivos, poco atentos o retraídos. Otros actúan de manera tonta e inmadura, o ansiosa e insegura. Los niños impopulares suelen ser insensibles a los sentimientos de otros niños y no se adaptan bien a las nuevas situaciones.
3.3. Amistad
3.3.1. Los niños pasan buena parte de su tiempo libre en grupos, pero solo hacen amigos como individuos. La popularidad es la opinión que tiene el grupo de pares sobre un niño, pero la amistad es una vía de dos sentidos. Los niños buscan amigos de edad, sexo e intereses similares. Las amistades más sólidas implican igual compromiso e intercambio mutuo. Aunque los niños tienden a elegir amigos de antecedentes étnicos similares. Tener amigos es importante porque el rechazo de los pares y la falta de amigos en la niñez media pueden tener efectos negativos de largo plazo. El concepto que tienen los niños de la amistad y las maneras en que actúan con sus amigos cambian con la edad, lo cual refleja el desarrollo cognoscitivo y emocional.
4. SALUD MENTAL
4.1. Problemas emocionales comunes
4.1.1. Los niños con problemas emocionales, conductuales y del desarrollo suelen pertenecer a un grupo poco atendido. En comparación con otros niños con necesidades especiales de atención médica, es más probable que sus condiciones afecten sus actividades cotidianas y los hagan faltar a la escuela. A menudo, tienen condiciones físicas crónicas. En la actualidad, de los niños estadounidenses que necesitan atención por problemas de salud mental, solo la mitad recibe la ayuda que requieren.
4.2. Técnicas de tratamiento
4.2.1. Psicoterapia individual
4.2.2. Terapia familiar
4.2.3. Terapia conductual
4.2.4. Terapia artística
4.2.5. Terapia de juego
4.2.6. Terapia farmacológica
4.3. Estrés y resiliencia
4.3.1. Los sucesos estresantes forman parte de la niñez, y la mayoría de los niños aprenden a afrontarlos. Sin embargo, cuando el estrés llega a niveles abrumadores, puede generar problemas psicológicos. Los factores de estrés graves como una guerra o el maltrato infantil pueden tener efectos a largo plazo en el bienestar físico y psicológico. Pese a ello, algunos individuos muestran una notable resiliencia que les permite superar esas terribles experiencias.