1. En contraste con el contexto del pensamiento filosófico y científico, la antropología cristiana muestra unas importantes divergencias de método, de intereses y de enfoque.
2. I- Un contexto de referencia
2.1. Un problema de teoría del conocimiento
2.1.1. La definición y descripción de qué es la realidad humana, es un "analogatum princeps", pues no hay nada más próximo a nuestro conocimiento que nosotros mismos, y somos una realidad compleja.
2.1.1.1. ayudada de
2.1.1.1.1. etnografía
2.1.1.1.2. etnología
2.2. La clasificación biológica
2.2.1. Un ser no se define sólo por su forma y composición (morfología) sino también por su "historia" y las relaciones que han surgido de ella (filogenética); y en caso del ser humano cada fósil es una realidad que sea crea en condiciones muy particulares.
2.3. La diferencia específica
2.3.1. El título "homo sapiens" se reserva para la forma actual de la especie humana; sin embargo, la inteligencia (ser "sapiens") no es solamente la especificidad, sino también y ante todo la cultura.
2.4. Lo que nos dice la filosofía
2.4.1. La filosofía ha aportado un vocabulario extenso para describir un conjunto de funciones y actos que caracterizan el espíritu humano.
2.4.1.1. ayudada de
2.4.1.1.1. sociolinguística
2.5. El problema del espíritu humano
2.5.1. La tradición de la filosofía griega veía en los procesos intelectuales un fundamento y divino; y el problema radica en que no se puede analizar en un contexto científico y externo. La fenomenología da grandes herramientas para su reflexión.
3. III. Conclusión
3.1. La cuestión del origen
3.1.1. La tradición cristiana afirma la existencia de un Dios creador, contrario a lo que algunas teorías científicas sostienen como fruto de una evolución sin necesidad de lo divino, o fruto ciego de la necesidad de la naturaleza o del azar.
3.2. La cuestión del alma
3.2.1. Para la tradición cristiana, el alma es un término no prescindible, pero no por argumentos de tipo filosófico o psicológico, sino por su relación con los misterios de la creación y resurrección.
3.3. La cuestión del valor singular de la persona
3.3.1. La fe cristiana confiesa que la vida humana es sagrada e inviolable: que sólo a Dios le pertenece y que en sus manos está el dar la vida y el quitarla. La fe basa la peculiar dignidad del hombre en su trascendencia y en su destino, ya que ha sido hecho por Dios y llamado al diálogo con Él.
4. II. La antropología teológica
4.1. Lo que se puede decir desde la fe
4.1.1. La contenidos de la fe, como fuente para el conocimiento humano, no son dados como enciclopedia sino como revelación e intervención de Dios en nuestra historia humana, contenidas en la Escritura y expresa en los diversos textos del Magisterio, así como en las costumbres, el culto y el derecho. Muchos son los contenidos pero se pueden exponer de modo sintético recurriendo a un esquema trinitario: 1) el ser humano es por el designio original del Creador, imagen de Dios; 2) está destinado a realizarse según un modelo expresado en la figura y la vida histórica de Cristo redentor; en eso consiste su destino y plenitud y 3) esa transformación se produce por la acción interior del Espíritu Santo, con una doble dimensión, personal y social.
4.2. La caracterización del hombre como imagen de Dios
4.2.1. Al decir que el hombre es imagen de Dios, nos encontramos ante una de las definiciones más célebres de la tradición cristiana, que tiene su fundamento en las primeras páginas de la Biblia (Gn 1,26-27). Pero es una metáfora y, como tal, abierta a la interpretación: a) la relación del hombre con su Creador; b) Dios es fuente de toda la vida y c) el origen y destino del hombre es Dios. La formidable expresión de que el hombre es imagen de Dios resulta ser también un camino de conocimiento, pues permite trasladar al hombre lo que sabemos de Dios, y trasladar a Dios lo que sabemos del hombre.
4.3. Cristo como hombre perfecto
4.3.1. En primer lugar, la figura de Cristo, en su singularidad, resulta ser imagen y, por tanto, nueva revelación de lo que es la plenitud humana, porque todo hombre está llamado a identificarse con Él. En segundo lugar, los rasgos esenciales de la biografía real de Cristo resultan ser camino, itinerario vital, por el que el cristiano tiene que pasar realmente: son actos que en cada cristiano se realizan, unos en forma invisible y sacramental. En tercer lugar, se puede hablar de una identificación interior, psicológica, de conciencia, de intereses, de manera de pensar, de aspiraciones, de forma de reaccionar, de modo de vivir, que se produce en el cristiano como fruto de la acción interior y transformante del Espíritu Santo.
4.4. La revelación del pecado
4.4.1. Desde el punto de vista religioso, el pecado no consiste en otra cosa que en apartarse de Dios y rechazarlo. El mensaje que la Biblia transmite sobre los orígenes habla de la creación de Dios e, indisolublemente, en el segundo relato, del pecado. El texto quiere mostrar que todos los males y las quiebras de la condición humana están vinculados al pecado. La revelación del pecado pone de manifiesto la fragilidad humana, denuncia sus diversos disfraces, y señala la vanidad de las aspiraciones de autorrealización y las pretensiones de madura autosuficiencia.
4.5. La transformación que realiza el Espíritu
4.5.1. La antropología cristiana tiene así como referencia la imagen de Dios creada en el origen, un modelo de identificación que es Cristo, y una idea del pecado en cuanto destruye, en sus diversos aspectos, la imagen de Dios. Estos son tres puntos esenciales de la antropología cristiana. Falta el cuarto: la transformación que el Espíritu realiza, que recompone las secuelas del pecado, renueva la imagen e identifica con Cristo. No se puede hablar del hombre sin mencionar la inhabitación del Espíritu de Dios, la unción del Espíritu que, como reflejo de Cristo, está destinado a recibir cada hombre. Desde el punto de vista cristiano, esa transformación es lo más significativo que sucede en el ámbito de la acción humana, es lo más sustantivo de la biografía personal y colectiva, el argumento más profundo de la vida y de la historia.