1. Hacia una filosofía de la USTA
1.1. La Universidad Santo Tomás (USTA), al ser un proyecto dominico, retoma los ocho siglos de su tradición en el mundo y más de cuatro de su presencia en América. Esto caracteriza a la USTA como una institución de educación superior, diferente a las demás. Para entender de dónde surge la filosofía institucional, es pertinente remitirse a unas notas esenciales que no son fruto del azar o una complicada red de conceptos que no dicen nada de la realidad, sino por el contrario, ella se preocupa de orientar la razón misma de ser de la universidad y la formación de toda la comunidad académica. Esas notas, convertidas en estilo de vida, concretan varios siglos de tradición de los intelectuales de la fe: la vida en comunidad, la oración, el estudio y la predicación. Estos elementos constitutivos del carisma de los dominicos perduran y son esenciales en la concepción de Universidad que hoy existe y que se distingue de los demás centros de educación superior. Los Dominicos, como ya se ha dicho, son una orden religiosa que incursiona en el mundo de la educación universitaria. Es conveniente recordemos que lo primero que hizo Domingo de Guzmán fue enviar a sus frailes a instituciones de educación superior existentes en Europa para que realizaran estudios y pudieran llevar a cabo una predicación más contextualizada. Un caso especial en el que se reflejó este interés del fundador lo constituye el convento de San Esteban (España), que en 1221 fue consagrado como centro de estudio en teología y más tarde como una universidad de Estudio General, lo cual dio origen a la Universidad de Salamanca, medio vital para el ejercicio de la predicación. Pero ¿por qué?, ¿qué pretendía con eso? Domingo de Guzmán había sumido una misión especial ante el Papa Honorio III: predicar. Como se nota, la predicación es la “última” nota esencial del carisma de los Dominicos, la que necesita de las tres acciones anteriores -vida en comunidad, oración y estudioy, para ello, requería que los frailes se formaran en todas las ciencias y en los más altos niveles, ya que como predicadores que siguen las enseñanzas y reglas que Domingo emitió para un estilo de vida especial, debían diferenciarse de las demás órdenes religiosas del siglo XIII.
1.1.1. En efecto, no se trata sólo que esta Institución lleve el nombre de Tomás de Aquino, sino que dentro del dominicanismo, por ser críticos, éticos y creativos, se elige y se inspira en la forma en que el Aquinate vivió el carisma de la Orden. Sin embargo, hay que tener en cuenta dos cosas: primera, hay diversidad de tomismos y, segundo, el hecho de estar inspirados en el pensamiento de Tomás, no quiere decir que él sea la máxima verdad, que tengamos que pensar cómo él o repetirlo como loros sin comprender, sino es justamente reflexionar sobre su pensamiento. Estas acciones hacen que la USTA adquiera su sello diferenciador y su esencia más particular.
2. Tomás de Aquino
2.1. Tomás ingresa a la orden desde muy joven y muere antes de cumplir los 50 años de edad. Su obra es enciclopédica, pues trató diversidad de temas y todos con profundidad académica, rigurosidad intelectual, creatividad y compromiso ético. Su pensamiento marcó los derroteros de la Iglesia Católica durante muchos años y sigue siendo vigente hoy. De hecho, en la reciente Exhortación Apostólica del Papa Francisco, evangelii gaudium -noviembre 24 de 2013- sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual, se hace referencia constante a la obra de Tomás. Su vigencia académica y el que la USTA se inspire en su pensamiento, amerita una breve presentación para comprender mejor la filosofía y la cultura institucional que fundamentan a la Universidad. El siglo XIII fue una época de guerras, de pestes, hambrunas, de ansia incontrolable de poder, de dinero fácil, de corrupción, de condiciones miserables de vida para los más pobres y de enormes diferencias sociales. Santo Tomás respondió a esta realidad desde diversos autores e inspirado en la persona de Cristo como modelo de humanidad que se debe seguir, estableció el “realismo tomista” como sistema filosófico. Esto aparece desarrollado en la Segunda Parte de la Suma Teológica, en la cuestión 47, artículo 85 , en la cual planteó que hay que ver la realidad tal y como es, sin adornos ni excusas; juzgarla “acudiendo al consejo de los prudentes” y, finalmente, proponer acciones concretas que permitan contribuir al mejoramiento de esa realidad vista y juzgada.
2.1.1. Esta manera particular de trabajar, Tomás la retomó de Aristóteles, quien le sirvió para dirigir las acciones que permitan contribuir al mejoramiento de la realidad social de la época. No se trata de hacer cosas y esperar que los otros hagan lo que a uno se le pueda ocurrir, sino que se debe estudiar para comprender esa experiencia humana del mundo y se debe por lo menos tener claras las preguntas de qué, por qué, dónde, para qué y cómo; de lo contrario no se estaría actuando éticamente, es decir, simplemente se estaría utilizando el conocimiento para fines particulares y no para su verdadero fin: la dignificación de la persona humana.
3. Las acciones humanas
3.1. Cuando se pasa de la teoría a la práctica, lo que se hace tiene más o menos la siguiente estructura: de la inteligencia se pasa a la deliberación sobre los medios que han de elegirse, se continúa con el juicio sobre lo que ha de hacerse y se concluye con el dictamen de la razón sobre lo que se debe hacer. Dicho más técnicamente, se está en el terreno de lo factible y lo agible. A continuación se tratará de explicar estos dos conceptos. Lo factible corresponde a las obras corpóreas susceptibles de ser hechas por operaciones manuales directamente o mediante instrumentos; le corresponde lo que se puede hacer -actividad de un arquitecto, por ejemplo-. Por su parte, lo agible son actos que permanecen en el que obra8 , es la actividad que puede ser calificada de una manera moral. De acuerdo a ello y, siguiendo el ejemplo, el arquitecto debe cumplir bien con su oficio -factible- y su intención también debe ser buena -agible- para que su obra también lo dignifique a él9 . Es el reino de las acciones humanas, tema central de la concepción ética en Tomás de Aquino.
3.1.1. Precisamente en este contexto se encuentra la razón de ser del modelo de educación, inspirado en Santo Tomás, ya que en la medida que la persona humana es educable y educar es humanizar, se ayuda a promocionar esa dignidad humana de perfectibilidad. El ser humano no es perfecto, pero puede tratar de ser mejor. El papel que cumple la educación dentro del realismo tomista, no es el de buscar que cada hombre sea mejor como cada quien quiera, sino solo en virtud de la presencia del otro; justo en ese momento, salta a la vista lo deseable en el marco de las cuatro dimensiones de la acción humana que se acabaron de señalar.
4. La educación y la formación integral en Tomás de Aquino
4.1. La educación es el camino hacia la humanización, lo que supone la “instrucción” del alma, -a través de la enseñanza de la ciencia-; el cuidado del cuerpo -importancia de hacer ejercicio- hasta alcanzar la madurez del hombre adulto, cuando sea autónomo y sus acciones sean fruto de la recta razón. Es un proceso continuo que nunca acaba, pues la persona está siempre en camino de lograr la perfección. La misión educativa planteada desde Santo Tomás contiene, además, dos conceptos claves: conductio y promotio. La “conducción” se refiere a la intención de la institución de formar a sus estudiantes. La “promoción”, al proceso del estudiante de ir adquiriendo autonomía, a través de las cuatro dimensiones del actuar humano: comprender, hacer, obrar y comunicar. Por lo tanto, en el proceso educativo intervienen todos los actores: estudiantes, docentes, directivos y sociedad en general, ya que nunca acaba y siempre implica al otro para alcanzar la dignidad humana y vivir en sana convivencia
4.1.1. Por otro lado, todo el proceso de formación integral, desde el carisma dominico tomista, lleva en su corazón una clave fundamental: la realidad es susceptible de ser problematizada. En otras palabras, a partir del estudio y del realismo tomista mediante el ver, juzgar y el actuar, se encuentra que por ser dialógico, el proceso educativo de formación integral implica que la realidad sea susceptible de ser problematizada para poder encontrar soluciones de manera creativa, crítica y ética. Aunque no se trata de defender una verdad porque sí, si se busca afrontar la realidad para encontrar las soluciones pertinentes que conduzcan y promuevan el bien- estar de las personas y de la sociedad.
5. Universidad de Estudio General
5.1. Una universidad de Estudios Generales no significa que se enseñe “en general” muchas cosas, sino que es un modelo que implica, de una parte, formar personas que sean buenos profesionales y ciudadanos y, de otra, que por ser abierta a la totalidad de los saberes, admita, constantemente, la posibilidad de debatir, de buscar la verdad, de dialogar académicamente, de encontrarse con la realidad misma, sin importar asuntos como las creencias o las ideologías. En el ‘estudio general’ se forman personas humanas que ven la realidad, no solo desde sus disciplinas profesionales, sino a través de un espectro más amplio, “el enfoque humanístico”, de forma que permita intervenir en dicha realidad con más elementos de juicio para poder transformarla. Esta es la razón de ser de las cátedras de Humanidades, las Ciencias Básicas y el Instituto de Lenguas. En estos cursos se encuentran estudiantes de varios programas académicos para favorecer la participación, la confrontación y el diálogo, con igualdad de posibilidades de aprender, porque es “el otro” el que confronta y exige una respuesta desde cada una de las ciencias a problemas comunes de la realidad.
6. Documentos Institucionales
6.1. Entre los documentos que rige a la USTA, solo se destacarán tres de los más importantes, donde se
6.2. plasma la ruta que la Universidad cumple desde su misión, visión y objetivos institucionales. Ellos son:
6.2.1. Estatuto Orgánico
6.2.1.1. El Estatuto Orgánico data de 2002 y en él se considera que la Universidad, al ser restaurada, obtuvo Personería jurídica mediante Resolución del Ministerio de Justicia No. 3645, del 6 de agosto de 1965, y fue erigida en Persona Moral Eclesiástica mediante el Decreto 307 del Cardenal Luis Concha Córdoba, Arzobispo de Bogotá, del 23 de septiembre de ese mismo año. Fue Reconocida por el Decreto 1772, del 11 de julio de 1966, expedido por el Gobierno Nacional y firmado por el Presidente de la República, Doctor Guillermo León Valencia y el Ministro de Educación Daniel Arango, fue autorizada para conferir títulos y grados académicos, continuando así la tradición humanística y científica de la antigua Alma Mater13